Mapa Persa Bio Bio

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Cómo llegar a pata

Cómo llegar a pata

miércoles, 15 de noviembre de 2006

Ni rojo ni azul, soy blanco desde la cuna hasta el cajón.


Tan sólo falta pararse en la esquina de Placer con San Diego para sentir en el aire el espíritu futbolero. Pero éste, no se viste de rojo ni azul, se viste de blanco hasta el final.


Suena el pitazo inicial. Los comerciantes del persa Bio-Bio comienzan a dominar el balón. El partido no se ve fácil, el trabajo presenta una formación distinta a la de años anteriores. Los negocios van y viene. Pases, infinitos pases, la pelota no reposa ni un sólo minuto en el suelo. La tención aumenta, las ventas bajan y la emoción del fútbol domina la cancha.
Tan fácil como eso, un relato de fútbol. Así es el ambiente que se vive en el persa Bio-Bio cuando todos se visten de blanco. Juega el “Colo”, hoy día o mañana, da igual, la emoción está siempre latente. Falta la aparición del “Mati” Fernández en la cancha para que todo se torne nieve.
La verdadera pasión de multitudes no abandona ni por un instante los callejones del viejo persa. Pero es una pasión por el popular, por la garra blanca, en realidad, más que una pasión es un sentimiento. “El Colo pa’ mi es como cuando te enamoras, te dan cosquillas en la guata, me pongo nervioso”, comenta Moisés, al hablar sobre su experiencia con el popular.
Diferentes emociones coexisten, los chunchos desaparecen, los cruzados no emiten comentarios. La cara del persa Bio-Bio cambia rotundamente cuando El Indio logra un triunfo. Las ventas de las camisetas albas aumentan en gran medida. Ciertos comerciantes cierran antes sus negocios para poder ver, al lado de una buena parrilla o en vivo, los partidos más esperados y cotizados por éstos, los del Colo-Colo.
“Unas chelitas, más una buena discá y está todo bien. Fijo que el Colo gana po, así que tranquilos como siempre” afirma Pablo, más conocido como “El Piti”, dado sus problemas de vista.
La roja en estos barrios no suena. La selección según muchos, es el mismo Colo-Colo. Con Matías Fernández a la cabecera, todo, muchas veces, estaba más que solucionado. En el persa, si se piensa algo en la selección, es tan sólo para las eliminatorias. El rojo no brilla ni por los espíritus, ni por los pasillos. Es el tatuaje del popular, del sentimiento de garra blanca, el que se lleva impreso en la piel del comerciante.
Finaliza el encuentro. Nuevamente como era de esperar el persa gana. Los azules y los cruzados se retiran del partido. El blanco domina por completo las calles del cuadrante más comerciante de Santiago. Los albos se despiden con una ovación al Indio, al popular, a Colo-Colo. Todo es blanco otra vez.

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